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En Panamá, un festival de cine con ambiciones internacionales

IFF Panamá

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Más de mil espectadores en la proyección al aire libre del filme cubano Juan de los Muertos, en las afueras del Casco Viejo de la Ciudad de Panamá.
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Cine y economía en auge en Panamá


CIUDAD DE PANAMÁ, Panamá - Frente al escenario de una economía en envidiable ebullición, Panamá celebró su primer festival internacional de cine con una muestra fílmica que trató de abrirle públicos al cine latinoamericano del sur y el norte, pero también de poner en escaparate los frutos del milagro panameño en curso.

El festival ocurrió en un momento en el que el país parece estar ansioso de reclamar su antiguo lugar como un centro neurálgico que une al norte y sur de las Américas, y así lo reflejó la programación de la muestra con la proyección de operas primas de Argentina, Colombia, Guatemala, México, Perú y Panamá, junto a filmes que han sido galardonados en otros festivales internacionales con más arraigo y prestigio como Nader y Simin: una Separación de Asghar Farhadi o Chico y Rita del español Fernando Trueba.

La capital panameña se encuentra en un punto de transformación imposible de ignorar. Al este, su horizonte brilla con el reflejo cristalino de múltiples rascacielos de osadas arquitecturas y grúas que anuncian la llegada de más edificios de oficinas y condominios valuados en cientos de miles de dólares y en donde autos de lujo alemanes e italianos pasean por la cinta costera.

Al oeste, en lo que se conoce como el Casco Viejo, la rica historia de Panamá está en proceso de renovación en una zona que presume de restaurantes, bares y hoteles de primera detrás de hermosas fachadas coloniales, así como mercados de artesanías indígenas y calles empedradas punteadas por más grúas y trabajadores de la construcción.

El boom es innegable y aunque el país aún tiene mucho que hacer en cuanto a la distribución de riqueza (las disparidades también son fáciles de encontrar), la necesidad de crear un evento cultural de talla internacional llegó al tiempo que el país puede invertir en su primer línea de metro, terminar la expansión de $5,250 millones del Canal de Panamá y continuar con la construcción de un cinta costera para automóviles, bicicletas y peatones.

La idea surgió con Hank Van der Kolk, uno de los directores fundadores del festival de cine de Toronto que escogió a Panamá como su lugar de retiro, y en donde según él, encontró una recepción casi inmediata al proyecto. “Hubo una respuesta abrumadora, fue como una cosa de casualidades, todo mundo dijo ‘sí, ha llegado su momento, hagámoslo’ y de pronto me encontré en medio de algo que en realidad no había planeado mucho”.

El festival terminó mostrando 50 películas y realizando más de un centenar de eventos y talleres relacionados con la producción y distribución fílmica. Y aunque algunas proyecciones fueron prohibitivas para el público general con precios que ascendían hasta los $50 dólares, también hubo oportunidades de disfrutar de proyecciones al aire libre sin costo y que probaron ser de alta demanda.

Tal fue el caso de la proyección de Juan de los Muertos en la entrada del Casco Antiguo, un film de zombis rodado en La Habana por el director cubano Alejandro Brugués y al que asistieron cerca de mil personas. La proyección al aire libre puso en manifiesto el potencial que ofrece la utilización astuta de espacios públicos restaurados y la posibilidad de expandir el mercado para el cine latinoamericano. El evento generó una avalancha de tweets, cobertura mediática e interés general por el festival.

Realizar esto tipo de eventos no es fácil en un país como Panamá, pero la idea de Van der Kolk tuvo la suerte de encontrar en Pituka Ortega Heilbron una aliada con la pasión y los recursos necesarios para materializar su sueño fílmico. Además de ser una de las pocas cineastas de Panamá, Ortega Heilbron es parte de la élite empresarial del país y una mujer acostumbrada a pensar en grande.

“Ya me habían propuesto antes la idea de realizar un festival”, comentó durante una cena en un restaurante de la Plaza Bolivar en el Casco Viejo. “Pero siempre se había tratado de proyectos muy limitados. Nosotros en Panamá necesitamos ver más allá de nuestras fronteras. Somos un país pequeño y la única forma de crecer es tomando una perspectiva global.

“Hank entiende eso y su proyecto fue lo suficientemente ambicioso para atrapar mi interés. Siempre he pensado que si se iba a hacer algo así tenía que hacerse en grande, de lo contrario no tiene sentido el esfuerzo”.

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